miércoles, 8 de julio de 2015

VALDISMO....LA POBREZA Y LA PREDICACIÓN....



  Movimiento religioso de tipo cristiano cuyos puntos fundamentales eran la importancia suprema de la pobreza y la predicación, el rechazo de la validez de los sacramentos administrados por sacerdotes indignos, un pacifismo radical y la desobediencia a los preceptos de la Iglesia que no tuvieran base en la Escritura y especialmente en el Evangelio.
Movimiento heterodoxo del cristianismo, cuyo principal foco de acción estuvo centrado en el sur de Francia y noroeste de Italia. Al albor del siglo XII, debido al distanciamiento entre el pueblo y la iglesia institucional católica, especialmente resquebrajado tras la Querella de las Investiduras, la Europa de la Plena Edad Media conoció la presencia de fenómenos que, con una gran carga de conciencia religiosa, propugnaban una mayor flexibilidad en lo espiritual, preconizando la llegada del espíritu reformista de las órdenes mendicantes. Uno de esos movimientos fue el valdismo, cuyos seguidores fueron llamaron valdenses por el nombre del primero de sus predicadores y verdadero organizador del movimiento: el comerciante lyonés Pedro Valdo.

Origen y doctrina valdense

Como bien han señalado algunos historiadores, la historia del fundador del movimiento valdense guarda hondas reminiscencias con una figura posterior, la de San Francisco de Asís, que sería de vital importancia en el devenir de la religiosidad occidental. Ciertamente, Pedro Valdo (o Pedro Valdés, según otras fuentes) fue un rico comerciante de la ciudad de Lyon que, tras escuchar a un juglar la historia de la vida de San Alejo, abandonó todas sus riquezas y su vida material para dedicarse a cumplir el precepto evangélico: "Si quieres ser perfecto ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres". (Mitre, op. cit., p. 117). Dicha repentina conversión ha sido fechada en el año 1173; desde entonces, Pedro Valdo se dedicó a formar una congregación espiritual de laicos que tenían como principal misión evangelizar a los pobres y que orientaron su vida hacia la más absoluta de las pobrezas, en consonancia con las predicaciones que la orden cisterciense había hecho algunos años atrás para concienciar a los ricos de la existencia de otros congéneres necesitados. Quizá el éxito obtenido por Valdo se deba a que supo conectar con el despertar religioso de un incipiente grupo social, la burguesía urbana, que se encontraba en franco desarrollo en la Plena Edad Media. Para llevar a cabo sus prédicas, Pedro Valdo y sus discípulos no dudaron en traducir algunos pasajes de la Biblia a lengua vulgar, utilizando para la evangelización tanto a hombres como a mujeres que no siempre contaban con una gran preparación letrada, pero cuya vida austera y su facilidad para conectar con el auditorio deparó el apoyo de grandes masas de población a la congregación valdense. El ideal de pobreza y la vida religiosa encontraron muchas almas afines entre la población del sur de Francia. Los valdenses, huyendo de los opulentos ritos y liturgias de la iglesia ortodoxa, celebraban sencillas reuniones en las que todos los fieles, bajo la guía de los presbíteros (generalmente, los más ancianos), leían la Sagrada Escritura para finalizar con una oración y un sermón de los miembros de la congregación (llamados Perfectos, pero a los que no hay que confundir con los de la Iglesia cátara).

El enfrentamiento con la autoridad

Debido, entre otras cosas, a estos dos asuntos mencionados, los valdenses entraron en conflicto con la jerarquía eclesiástica, que se atribuía la potestad de la evangelización y que propugnaba que, pese a reconocer la ortodoxia de Valdo y sus seguidores, ninguno de sus ministros podía equipararse en conocimientos con los suyos. Valdo apeló tal decisión en el marco del III Concilio de Letrán (1179), donde fue recibido con grandes honores por el pontífice Alejandro III; sin embargo, el papa prohibió a los valdenses efectuar sus predicaciones sin la correspondiente autorización del obispo. Desde este preciso momento, los diversos enfrentamientos se sucedieron entre valdenses y autoridad eclesiástica y acabaron por la nominación oficial de herejes a los primeros, acción efectuada por el pontífice Lucio III en el año 1184. Realmente, los anatemas lanzados contra los valdenses respondían a una división efectuada dentro de ellos mismos, pues a la pureza de sentimientos de su fundador y los primeros miembros (el grupo moderado) había sucedido un grupo más radical que, influido por corrientes maniqueas y por movimientos como el de la Pataria, habían comenzado a preocuparse de otras asuntos, tales como cuestionar la autoridad del Papa, el valor de las indulgencias, los sacramentos o las oraciones... Es decir, el sentimiento religioso se había convertido en factor de protesta social, pese a que Pedro Valdo nunca se planteó nada que no fuese espiritual.

Extensión e influencia del valdismo

En los años siguientes a la anatematización pontificia, la extensión de los predicadores valdenses alcanzó gran parte de las ciudades del norte de Italia, donde eran llamados humiliati y donde sus postulados radicales continuaron vigentes hasta bien entrado el siglo XIII. El otro foco de expansión del valdismo fue la corona de Aragón, donde el rey Pedro II los reprimió con severidad, llevando a algunos de ellos a la hoguera. Mas la llegada al solio de San Pedro de Inocencio III, provocó nuevos cambios en la lucha contra estos; efectivamente, el pontífice se propuso intentar que volviese a la obediencia ortodoxa la rama moderada del valdismo, hecho que logró con la "re-conversión" de uno de los principales predicadores valdenses: el hispano Durán de Huesca (1206). Con el fin de que los célibes laicos pudiesen seguir con una vida de pobreza, castidad y oración, Inocencio III aprobó su conversión en una especie de órdenes menores que, posteriormente, serían absorbidas por la fuerza de franciscanos y dominicos. La resistencia de los valdenses radicales fue difícil, pese a que aún siguieron existiendo comunidades importantes a lo largo del siglo XIII, especialmente en el norte de Italia. Sin embargo, no hay que olvidar que el valdismo había nacido en el seno de la propia iglesia católica y que únicamente postulaba una vía de pureza religiosa, una especie de "reforma" para la vuelta a las condiciones espirituales del cristianismo primitivo. Y, por lo que respecta a las autoridades, en pleno siglo XIII se encontraban totalmente inmersos en la batalla contra el catarismo, una verdadera herejía al plantear una "contra-iglesia" a la ya existente. La coincidencia entre los lugares de irrupción de valdismo y catarismo (ambos en el Midi francés) ha hecho sospechar a numerosos historiadores la existencia de vínculos entre ambas concepciones, no tanto intelectuales como personales; ello significa que, posiblemente, los valdenses radicales del sur de Francia pasasen a engrosar las filas cátaras. También se encuentran reminiscencias valdenses en pensadores como Jan Hus, puesto que en Italia, Bohemia y Alemania las comunidades valdenses sobrevivieron hasta los siglos XIV y XV, llegando a existir incluso predicadores itinerantes para no perder la fuerza de su doctrina. Posiblemente, muchos de estos grupos fueran parte de la base popular sobre la que se asentó la Reforma luterana del siglo XVI.

Bibliografía

  • MITRE, E. & GRANDA, C.- Las grandes herejías de la Europa cristiana. (Madrid, Istmo)
      http://www.enciclonet.com/articulo/valdismo/


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