miércoles, 30 de marzo de 2016

MEHMED II...LA CAIDA DE CONTANTINOPLA

Mehmed debe su apodo, el Conquistador (Fâtih-el-Istânbul, 'el conquistador de Constantinopla'), a ser el dirigente islámico que acabó con el Imperio bizantino después de conquistar la mítica e indestructible Constantinopla , lo que supuso el comienzo de una época de esplendor en el Imperio otomano.
Mehmet II era hijo del anterior sultán, Amurates II, quien abdicó en 1443 para dejar el trono a su hijo Mehmet, el cual, con apenas catorce años de edad, y a pesar de su educación política y militar, se vio incapaz de controlar las intrigas palaciegas de la aristocracia otomana, por lo que Amurates II volvió a retomar el poder para pacificar a la levantisca nobleza turca. En el año 1451, tras la muerte de Amurates;Mehmet, que se hallaba en una campaña militar fuera de Turquía, regresó para ocupar el trono definitivamente, y enseguida se puso a trabajar para el que sería gran objetivo de su reinado: la conquista de Constantinopla.
Con una tremenda habilidad negociadora, puso al corriente de sus planes a varios países europeos, en especial Hungría y la poderosa república marítima de Venecia, con quienes firmó acuerdos de cooperación y, sobre todo, se aseguró su neutralidad ante el conflicto. Por si acaso los europeos no cumplían con lo pactado, varios de sus generales, al frente de pequeñas tropas militares, se hicieron fuertes en Tracia y Macedonia, y lucharon contra los balcánicos pero, sobre todo, impidieron el paso por el Bósforo a cualquier contingente militar que pretendiese ayudar a los bizantinos. Posteriorme, un poderoso ejército puso sitio a la ciudad e hizo que la legendaria inexpugnabilidad de ésta cayera.



La toma de Constantinopla por parte del Imperio Otomano se considera el fin de una época,al poner punto y final al Imperio Romano de Oriente y otorgar el último espaldarazo a la que sería una de las principales potencias de la zona hasta el mismo S. XX.
Los bizantinos, creyendo que no había posibilidades de vencer a Saladino (sultán de Egipto y Siria y principal enemigo de los cruzados instalados en Tierra Santa), decidieron mantenerse neutrales.
Con esta reticencia bizantina como excusa, y con la codicia por los tesoros de Constantinopla como motor, los cruzados tomaron por asalto la ciudad en 1204, ya en la Cuarta Cruzada, dando origen al efímero Imperio latino que duró hasta 1261.
Los bizantinos, despojados de su capital imperial, establecieron nuevos Estados: el Imperio de Nicea, el Imperio de Trebisonda y el Despotado de Epiro serían los más influyentes.
Finalmente, en 1261, el Imperio de Nicea, bajo Miguel VIII Paleólogo, reconquistó la ciudad.





Desde entonces, agravado por el cisma entre las Iglesias Romana y Ortodoxa, el ataque de los turcos se veía venir en el tiempo, sin que occidente mostrara el más mínimo interés en la histórica capital.
Por su parte, tampoco los habitantes de la ciudad estaban demasiado por la labor de pedir ayuda: el intento del Emperador Juan VIII de poner fin a las diferencias entre las dos Iglesias provocó serios tumultos en la ciudad, nada partidaria de ningún acuerdo con los papistas.
El hermano de este Emperador, Constantino XI, también intentó limar asperezas con sus aliados naturales de Roma, pero el clero bizantino seguía boicoteando la idea. Esto, obviamente, interesaba al Sultán otomano, en esa época Murad II.
Los primeros preparativos para el ataque vinieron precedidos por un ataque de confianza de Constantino. Ante la muerte de Murad II, su hijo Mehmed prometió dejar tranquila la ciudad y el resto de territorios controlados por ella.
Esto hizo pensar al Emperador que los otomanos estaban en una posición de inferioridad y exigió un pago anual, que debía servir para mantener con vida a un familiar del Sultán, retenido en Constantinopla como rehén. Este hecho, soliviantó a Mehmed que, de inmediato, empezó a preparar el ataque.


1453 - La caida de Constantinopla.


Las murallas de la ciudad en la parte oeste tenían una tradición de haber defendido a Constantinopla de ataques tan grandes como el de los hunos, germanos, búlgaros o rusos.


oriente


Esquema de las murallas:

A Foso de 18 metros de ancho


B Primera línea defensiva.


C Parateichion


D Segunda muralla de 8,5 metros de altura


E Peribolos


F Tercera muralla con una altura de 8 a 12 metros y torres de de 18 a 20 metros de altura




Pero el talón de Aquiles estaba ubicado en las murallas del litoral a lo largo del llamado Cuerno de Oro, el canal que separaba Constantinopla de la villa de Pera.

                         Cristianos


Por ello los bizantinos al recuperar la urbe para sí reforzaron esta posición y en todos los demás puntos donde fuese necesario hacerlo. 
Además se había construido una cadena de hierro, grande y pesada que serviría como obstáculo para que ningún barco osara atravesar el canal sin autorización previa de los bizantinos.
Los preparativos fueron largos. Ambos bandos procuraron agrupar el mayor número posible de aliados y soldados.  
Esto escribio Constantino XI al Sultan Mahomet II

Ya que has optado por la guerra y no puedo persuadirte con juramentos ni con palabras halagüeñas, haz lo que quieras; en cuanto a mí, me refugio en Dios y si está en su voluntad darte esta ciudad, quién podrá oponerse?… Yo, desde este momento, he cerrado las puertas de la ciudad y protegeré a sus habitantes en la medida de lo posible; tú ejerces tu poder oprimiendo pero llegará el día en que el Buen Juez dicte a ambos, a mí y a ti, la justa sentencia.”


Por parte bizantina, sus peticiones de ayuda a occidente fueron correspondidas por el Papa, que envió barcos y soldados, casi todos genoveses y venecianos.


Sus convecinos de Pera, hoy en día dentro de Estambul, también accedieron a participar en la defensa. En adelante la reducida flota cristiana se vio obligada a permanecer al amparo de las murallas de Constantinopla y constituyo un grave reves moral para los sitiados.
Sin embargo, para decepción del Emperador, Constantinopla ya no era lo que había sido: solo contaba con 50000 habitantes y, de entre ellos, solo unos 7000 soldados.
Por su parte, los otomanos pasaron rápidamente a la acción. Levantaron una muralla a 10 kilómetros de la ciudad y trataron de bloquear las vías marítimas de suministros.
No se dejó de tocar los tambores y trompetas en ningún momento del asedio. Por supuesto además se prometió a los otomanos tres días de pillaje por la ciudad, lo cual los entusiasmó.
Su ejercito estaba compuesto por un elevado numero de soldados entre los que se encontraban los jenizaros de origen cristiano , tropas de elite del sultan y los sipahis al estilo de los pretorianos romanos, pero a caballo.
Los jenizaros fueron inicialmente, esclavos o súbditos de las regiones yugoslavas, griegas, albanesas y húngaras y por tanto, mayoritariamente cristianos
Los pueblos cristianos sometidos por los turcos consideraban un honor (y también era una fuente de riqueza, ya que un jenízaro estaba muy bien pagado) el que sus jóvenes fuesen seleccionados para el cuerpo.
Eran conocidos por su ferocidad y su fanatismo
Entre las armas que harían pedazos a los bizantinos y sus murallas, estaban los cañones .
Entre ellos un moderno cañón de cerca de nueve metros de longitud. que tuvo que ser trasladado por cientos de bueyes y hombres .
Este habia sido fabricado bajo la direccion de un ingeniero de artillería húngaro llamado Urbano que ofreció sus servicios al sultán.
Por fin, el sitio dio comienzo, precisamente con el disparo del enorme cañón. Pronto los disparos de este destruyeron parte de la muralla, incapaz contra ataques de artillería
Las defensas de la ciudad constaba de tres anillos gruesos de murallas con fosos de entre 30 y 70 metros de profundidad.
Todos los días, al anochecer, los bizantinos se escabullían fuera de la ciudad para reparar los daños causados por el cañón con sacos y barriles de arena, piedras despedazadas de la propia muralla y empalizadas de madera, mientras los defensores se defendían con sus arqueros mediante lanzamientos de flechas y con ballesteros de dardos.
En un principio, ese fue el único frente de batalla, ya que los otomanos ignoraron la posibilidad de un ataque por mar. A decir verdad, las defensas de la ciudad eran bastante más solidas por esa vía, de ahí que decidieran intentar tan solo ataques por tierra.
Los otomanos también atacaron por mar, aunque sólo en un frente, pues los cañones bizantinos podían hacer estragos en la flota.
Al comienzo del cerco, los bizantinos consiguieron dos victorias alentadoras.
El 12 de abril, el almirante búlgaro al servicio del sultán Suleimán Baltoghlu fue rechazado por la armada bizantina al intentar forzar el pasaje por el Cuerno de Oro.
Posteriormente el Sultán intentó un ataque a la muralla dañada en el valle del Lico, pero fue derrotado por un contingente menor, aunque mejor armado, de bizantinos, al mando de Giustiniani.
1453 - La caida de Constantinopla.


Los turcos estaban Imposibilitados para atravesar la cadena que cerraba el Cuerno de Oro, pero nuevamente fue un tecnico extranjero , esta vez italiano el que los ayudo a resolver el problema . 
Ya que no podemos romper la cadena - razonó - transportemos los barcos a traves de las montañas hasta las costas de Pera. No romperemos las cadenas pero las saltaremos.
El sultán ordenó la construcción de un camino de rodadura al norte de Pera, por donde sus navíos podrían ser empujados por tierra, evitando la barrera.
En un tiempo record, los turcos construyeron un camino por los que transportaron sus barcos , haciendolos rodar sobre troncos engrasados. Asi las naves turcas aparecieron fondeadas en el interior del Cuerno de Oro.
Con los navíos posicionados en un nuevo frente, los bizantinos no tendrían recursos para reparar después sus murallas.
Sin elección, los bizantinos se vieron forzados a contraatacar,intentando un ataque sorpresa a los turcos en el Cuerno de Oro, pero fueron descubiertos por espías y ejecutados. 



Los otomanos comenzaron a mover una gran torre de asedio, pero durante la noche un comando bizantino se escabulló sin ser descubierto por los escuchas turcos y prendió fuego a la torre de madera.
Los turcos también intentaron abrir minas por debajo de las murallas, pero los griegos consiguieron contraminar tres galerías turcas con diverso éxito.
Incendiaban las vigas que sostenian la excavacion , provocando su derrumbe.

imperio romano
Con los impactos de artillería de los cañones las murallas sufrían grandes brechas por donde penetraban los jenízaros, que para salvar los fosos se dedicaban a recoger ramas, toneles, además de los bloques de piedra de las murallas derruidas, para rellenar los fosos y poder penetrar para luchar cuerpo a cuerpo con los bizantinos.
Estas escaramuzas fueron bien aguantadas por los defensores, pero supuso un gran desgaste físico que, poco a poco, fudisminuyendo su resistencia.
A este cansancio se le unieron una serie de sucesos que, en la supersticiosa sociedad de la época, consiguieron que el ánimo decayera aún más: un eclipse lunar, que recordaba una antigua profecía sobre la caída de la ciudad, una imagen de la Virgen que cayó al suelo durante una procesión, una tempestad que inundó las calles…detalles que, vistos desde la perspectiva de nuestros días eran nimios, en esa época causaron gran preocupación. 

Y no era menos la que causaba el hecho de que los barcos que los venecianos habían enviado no llegaran todavía.
Evidentemente, tampoco los turcos estaban exentos de problemas.
El coste del enorme ejercito empezaba a agobiar las arcas del Sultán y los oficiales, además, lanzaban críticas a la forma en la que se estaba llevando a cabo la campaña.
Mehmed, intentando acortar el asedio, lanzó un ultimátum a los bizantinos: la ciudad a cambio de las vidas de sus ciudadanos. Prometió levantar el cerco a cambio de que se le pagara un tributo. La oferta fue rechazada, entre otras cosas porque la ciudad no contaba con recursos suficientes para aceptarla. Mehmed preparó entonces el ataque final.


oriente



El día anterior a este, el Sultán ordenó a sus tropas que descansaran ya que sus astrologos habian profetizado que el dia 29 seria nefasto para los infieles . 
El silencio, tras días de bombardeos y escaramuzas, era sobrecogedor, según relatan los cronistas. Para romperlo el Emperador hizo que todas las iglesias tocaras sus campanas ininterrumpidamente y él y sus súbditos acudieron a orar a Santa Sofía.


Cristianos


Durante esa madrugada del día 29 de mayo de 1453, el sultán otomano Mehmed lanzó un ataque total a las murallas, compuesto principalmente por mercenarios y prisioneros, concentrando el ataque en el valle del Lico.
Durante dos horas, el contingente principal de mercenarios europeos fue repelido por los soldados bizantinos bajo el mando de Giustiniani, provistos de mejores armas y armaduras y protegidos por las murallas.
El avance otomano hacia el interior de Europa fue definitivamente detenido en la batalla de Viena , el 12 de setiembre de 1683 por una coalicion formada por lituanos , bavaros , y polacos entre otros. Con las tropas cansadas, tendrían ahora que afrontar al ejército regular de  turcos, pero la superioridad numérica y de estado de animo de los otomanos acabó por imponerse.
El ejército turco atacó durante más de dos horas, sin vencer la resistencia bizantina.
Entonces hicieron espacio para el gran cañón, que abrió una brecha en la muralla por la cual los turcos concentraron su ataque.


imperio romano



Constantino en persona coordinó una cadena humana que mantuvo a los turcos ocupados mientras la muralla era reparada. El Sultán, entonces, hizo uso de los jenízaros, que trepaban la muralla con escaleras. Sin embargo, tras una hora de combates, los jenízaros todavía no habían conseguido entrar a la ciudad.
Un cañonazo abrió una brecha y los jenízaros atacaron por allí. Y, a pesar de esto, fue una imprudencia de los defensores la que acabó por inclinar la balanza.
Distraídos por lo que sucedía en esa zona, los bizantinos dejaron una de las puertas de la murallas abierta. Por allí entró un destacamento de jenízaros, que logró penetrar las primeras murallas.


1453 - La caida de Constantinopla.



En ese momento, el comandante Giovanni Giustiniani Longo fue herido y evacuado apresuradamente hacia un navío.
Constantino, avisado inmediatamente del hecho, fue hacia él y lo quiso convencer de no alejarse del lugar, le habló de la importancia de mantenerse como fuera en el campo de batalla, pero el genovés habría intuido la gravedad del asunto y se mantuvo firme en su deseo de retirarse para ser atendido.
Cuando el resto de los soldados genoveses vieron que se llevaban a su capitán pasó lo que era de esperar: se desmoralizaron y desertaron de sus puestos en la muralla siguiendo el camino de su capitán, justo en el preciso momento en que arreciaban las fuerzas de los jenízaros en el lugar.



Sin su liderazgo, los soldados griegos lucharon desordenadamente contra los disciplinados turcos. 
La muerte de Constantino XI es una de las leyendas más famosas del asalto, ya que el Emperador luchó hasta la muerte en las murallas tal y como había prometido a Mehmed II cuando este le ofreció el gobierno de Mistra a cambio de la rendición de Constantinopla.


constantinopla



Decapitado, su cabeza fue capturada por los turcos, mientras que su cuerpo era enterrado en Constantinopla con todos los honores.
Giustiniani también moriría más tarde, a causa de las heridas, en la isla griega de Quíos, donde se encontraba anclada la prometida escuadra veneciana a la espera de vientos favorables.
Esa misma tarde, Mehmed entró por fin en la ciudad. En un primer momento la ocupación fue bastante tolerante .
El Sultan prometió a sus hombres un saqueo de 3 días durante el cual decapitaron gente de la alta alcurnia y funcionarios , sin embargo respetaron a los artistas y cientificos , pero impidió que tocaran Aya Sofía maravillado por ella.



otomanos

Santa Sofía y el resto de los edificios, aunque pasaron a ser mezquitas, fueron respetados y invitó a los habitantes a quedarse en sus hogares, respetando sus bienes.
Incluso designó a un patriarca ortodoxo, permaneciendo en la ciudad un gran número de cristianos, aunque un gran grupo de sabios griegos marchó a occidente, colaborando de manera activa en el Renacimiento.
Una flota de barcos escapo llevando sobrevivientes sin ser molestados por los marineros turcos que habian abandonado sus barcos para unirse al saqueo.
                        1453 - La caida de Constantinopla.
Fue, en cualquier caso, el fin de la presencia del antiguo Imperio Romano en oriente. La ciudad cambió de nombre, pasándose a llamar Estambul y dio comienzo a la expansión del Imperio Otomano.

http://www.cervantesvirtual.com/portales/la_caida_de_constantinopla/fatih_mehmet_ii/
http://www.taringa.net/posts/info/12835205/1453---La-caida-de-Constantinopla.html 
https://www.biografias.es/famosos/mehmet-ii-el-conquistador.html
http://www.enciclonet.com/articulo/mehmet-ii-el-conquistador/

http://www.cervantesvirtual.com/portales/la_caida_de_constantinopla/
https://elpais.com/diario/2005/11/06/eps/1131262011_850215.html
http://www.laguia2000.com/medio-oriente/mehmet-ii-el-conquistador



martes, 29 de marzo de 2016

LA GUERRA DE LAS DOS ROSAS...LA BATALLA DE TWTON


La Guerra de las Dos Rosas, fue un conflicto que más allá de desangrar a la nobleza inglesa durante prácticamente unos treinta años, terminó por derrumbar el sistema feudal y logró ascender a la burguesía tras el debilitamiento de la nobleza. 
Con la Primera Batalla de San Albano el 22 de mayo de 1455 se daba inicio a las hostilidades oficialmente "la Guerra de las Dos Rosas". El nombre se le debe al color de las rosas en los escudos de los linajes: blanca para los York y roja para los Lancaster. Los nobles ingleses hicieron lo posible para evitar la guerra.

 La batalla más sangrienta de estos enfrentamiento de la guerra de la dos Rosas se lleva a cabo en el pueblo de Towton el 29 de marzo de 1461, en medio de una gran tormenta de nieve. Ambos bandos sabían que era una batalla prácticamente definitiva o que al menos cambiaría el curso de la guerra. Los Lancaster fueron derrotados y tanto Margarita como Enrique huyeron a Escocia. Eduardo era el único dueño de Inglaterra. Muchos nobles entonces se pasaron al lado del bando de York.



Hace un par de años The Economist publicó un interesante artículo sobre los descubrimientos arqueológicos en el lugar donde ocurrió una de las batallas más sangrientas de la historia de Gran Bretaña.
Towton Batalla
En 1461, el Ejército de Lancaster se enfrentó a las tropas de York en una batalla que se conoció como la Batalla de Towton.
Este vasto sitio arqueológico es notable ya que fue una de las más grandes batallas de la Edad Media – involucrando, según las estimaciones, más de 75,000 soldados, lo que equivalía al 10% de la población apta para luchar en Inglaterra. Estas tropas se enfrentaron en sólo un día de confrontación sangrienta con resultados dantescos para ambas partes.
Lo que distingue a este sitio de otros es la forma en que se realizó la excavación de los restos de los cuerpos y objetos, lo que permitió aprender mucho de cada persona enterrada allí. A diferencia de los trabajos realizados en otros campos de batalla históricos, como en la batalla de Wisby, los arqueólogos no trabajaron con cuadrantes, sino que hicieron exhumaciones individuales.
De esa forma, los hombres enterrados en las fosas comunes fueron descubiertos aun con restos de su armadura, al lado de las armas utilizadas, con los compañeros con los que lucharon y en algunos casos junto a los enemigos que los mataron.
Algunos descubrimientos muy interesantes se han hecho sobre quiénes eran estos hombres:
1. Los hombres que lucharon esta batalla eran enormes. Existe un pensamiento recurrente de que siglos atrás los ingleses eran gente de baja estatura con los dientes podridos. Resulta que los cadáveres retirados del campo de batalla tiene la misma altura promedio del inglés de la actualidad. Muchos de los soldados tenían más de 1.85 de altura, buen físico derivado de una dieta razonable y dientes fuertes.
2. Muchos de los soldados habían tenido experiencia previa en otras peleas. El análisis de los restos reveló que muchos soldados tenían viejas heridas en el cuerpo antes de morir en esta batalla particular. La mayoría de estos hombres no eran campesinos reclutados para luchar, sino soldados entrenados. La edad promedio comprendía de 17 a 50 años, pero no se encontraron restos pertenecientes a adolescentes (13 años) o viejos mayores de 60 años.
3. El hecho de que tantos hombres presenten lesiones detectables, pero generalmente cicatrizadas, da fe de que la medicina de la época, aunque rudimentaria, podría ser lo suficientemente eficaz para salvar a un hombre herido en el campo de batalla. Hay evidencia de que algunos hombres fueron tratados y sus huesos calcificaron lo suficientemente bien como para permitirles regresar a las filas para luchar. Los historiadores dicen que tanto Lancaster como York utilizaban puestos móviles para tratar a los heridos.
arqueros
4. Los arqueros fueron entrenados desde una edad temprana. Muchos de los esqueletos tenían calcificación en el hombro y la escápula, lo que sugiere que, desde niños fueron entrenados en el tiro con arco inglés. Por otra parte, uno de los esqueletos poseía un tipo especial de desarrollo de los huesos que sólo podría haber surgido con el estrés de los huesos durante la adolescencia. Por lo tanto, es posible asumir que los arqueros comenzaron a ser entrenados con sólo 12 o 13 años.
5. Los ejércitos ya utilizaban armas de fuego. Muchos de los cadáveres tenían heridas causadas por balas de plomo que pueden haber sido disparadas por armas de fuego primitivas. Este hallazgo reduce a 30 años la fecha en que imaginaban que esas armas se habían introducido a gran escala en Inglaterra.6 – La batalla fue gigantesca. El campo de batalla ocupaba más de 2 kilómetros de longitud y las tropas se reunieron precisamente en un campo abierto con poca vegetación. Según los cronistas de la época, la lucha aconteció en una mañana lluviosa lo que convirtió el campo en un estanque fangoso con charcos de agua de hasta 30 centímetros de profundidad. En estas condiciones, los hombres vestidos con armaduras pesadas eran fácilmente anulados o simplemente se estancaban. Así, muchas armaduras fueron descartadas en el campo de batalla a medida que hombres avanzaban unos contra otros.
7. Los hombres llevaban con ellos además las armas y armaduras, decenas de pequeños objetos que pueden ser considerados como amuletos de la suerte. Los arqueólogos han descubierto una gran variedad de estos artículos atados en las muñecas, en el cuello o en el tobillo. Objetos que van desde pequeñas bolsas de cuero, semillas, puntas de flecha, imágenes pequeñas, cruces e inevitablemente las patas de conejo. Una gran cantidad de objetos de naturaleza pagana demuestra que las antiguas tradiciones aún eran comunes entre los guerreros, incluso en una época dominada por el cristianismo.
8. Si bien muchos hombres lucharon montados en Towton, los caballos eran de poca utilidad ya que el terreno fangoso volvía a los animales asustadizos. Los arqueólogos descubrieron que un número alarmante de hombres fueron aplastados por los cascos de los caballos. Los grandes caballos ingleses eran bestias fuertes y salvajes durante la batalla. Un caballo de guerra podía enganchar, pisotear y morder a quien estuviera (aliado y enemigo) a su alrededor.
9. Los ejércitos estaban muy bien equipados. Las armas más comunes que se encontraron con los soldados enterrados en las cunetas eran espadas cortas, cuchillos y martillos de guerra. Además de estas armas fueron encontradas espadas largas, escudos redondos, hachas, troncos, palos y lanzas. Alrededor del 25% de los cadáveres llevaba una especie de armadura de metal y el 70% de ellos tenían algún tipo de traje de protección hecho de cuero curtido o lana gruesa. Los soldados no llevaban uniformes, se identificaban con brazaletes de colores. En medio de la tierra, el barro y el caos es muy probable que los soldados no fueran capaces de identificar correctamente a los que eran sus enemigos. En una trinchera se encontró a dos hombres de Lancaster que parecen haber muerto en combate directo.
10. Se encontraron tres cuerpos todavía vistiendo restos que supuestamente pertenecían a indumentaria religiosa. Uno de ellos fue incluso enterrado junto a una espada corta. Esto sugiere que entre las filas de los soldados había sacerdotes y monjes que participaron activamente en la lucha.
11. En Towton se hace evidente la brutalidad de los guerreros de la época. La mayoría de los esqueletos hallados muestran un daño masivo repetitivo causado por las armas, especialmente en la cabeza. Esto sugiere que los guerreros atacaban principalmente a sus oponentes con lesiones en la cabeza, en un área donde las armas pesadas fueron letales. También hay una posibilidad más mórbida, los guerreros fueron instruidos para que una vez que derribaban a sus oponentes les aplastaran la cabeza para asegurarse de que estaban muertos. La enorme cantidad de cráneos con fractura apunta justo a eso.
12. Pocos cuerpos fueron saqueados. Después de una batalla era una costumbre muy extendida en todos los ejércitos medievales quitar los objetos de valor de los muertos. En Tontown, muchos objetos valiosos como armaduras y espadas, fueron encontradas con los muertos. Las explicaciones para esto son que no había un pueblo cercano (o aldeanos para robar a los cuerpos) y el hecho de que el terreno tuviera depresiones profundas naturalmente abiertas. Con esto los muertos fueron convenientemente lanzados y después cubiertos.
13. Otra explicación es que el popular campo de batalla de Towton habría sido abandonado por los sobrevivientes inmediatamente después de la pelea. Dicen que el campo fangoso se llenó tanto de sangre coagulada y de cuerpos mutilados que lo soldados no querían estar ni un minuto más ahí. Durante muchos siglos, la región fue considerada encantada por los espíritus de los soldados que murieron en la batalla.

14. Un dato curioso es que los soldados muertos fueron enterrados en fosas comunes. No se hizo distinción alguna entre los hombres caídos en esas trincheras, los soldados que murieron por el brazo de Lancaster y los defensores de York descansan eternamente lado a lado como un símbolo irónico de la inutilidad de la guerra.
Towton es un símbolo del terror y la destrucción que involucraban las principales batallas de la Edad Media. Los arqueólogos suponen que hay más de 30,000 esqueletos enterrados en esta planicie, y que se tardarán al menos tres años más para completar los trabajos de excavación en este campo de la muerte.
Hoy en día, a más de 550 años, los hombres enterrados alrededor del campo de batalla de Towton todavía pueden ser escuchados como si de alguna manera dieran su testimonio de tiempos brutales.
Fuente: The Economist
http://marcianosmx.com/batalla-en-towton/
http://historiamundo.com/la-guerra-de-las-dos-rosas-un-conflicto-que-dividio-a-las-dos-casas-reales-inglesas/
Imagenes:
https://tudorqueen6.files.wordpress.com/2013/05/woodville_curse.png

miércoles, 23 de marzo de 2016

MASACRE DE ESPAÑOLES EN LA LIBERACION DE MANILA


                                         
En 1945, la victoria aliada sobre los japoneses en Filipinas se cobró la vida de 100.000 personas, 70.000 de los cuales fueron ejecutadas deliberadamente por los soldados nipones, que asesinaron también a 300 españoles y acabaron con su histórica influencia en el archipiélago

«En España hay centenares de familias que saben, o que no saben, como murieron sus deudos en la capital de Filipinas durante aquellas semanas indescriptibles», explicaba el corresponsal de ABC en Londres, en noviembre de 1948, pues el Tribunal internacional de Tokio acababa de hacer público un informe de 135 páginas «sobre las atrocidades japonesas» cometidas durante la ocupación de Filipinas, entre 1941 y 1945, que miles de españoles sufrieron en sus propias carnes.
«De aquellos años recuerdo el comentario de un buen padre español, que pensaba que “los japoneses nos han sacado la espinilla del 98”. Fue decapitado por ellos en el patio de la iglesia», contaba en 1964 el periodista José María Massip, sobre su estancia en Filipinas en 1945.
Sin embargo, episodios como este, que cayeron prácticamente en el olvido de la historia de España, se repitieron hasta el último segundo de la presencia nipona en el archipiélago. Una presencia que culminó con «uno de los capítulos más negros de la historia militar del mundo»


Durante la retirada, las tropas japonesas, huyendo del ejército estadounidense –«volveré», había prometido cuatro años atrás el general MacArthur–, prefirieron incendiar la ciudad indefensa y acabar con la vida de cuantos más ciudadanos y militares les fuera posible, en un cruel y desesperado intento por evitar que los supervivientes contaran su derrota. Se contabilizaron más de 100.000 muertos, de los cuales, más de 70.000 fueron deliberadamente ejecutados por los soldados japoneses.
«Cuando perdieron todo se complicó y el trato a la población se volvió violento. Sus víctimas fueron tanto filipinos, como chinos alemanes, suizos o españoles. No podían tolerar que el resto del mundo se enterase de su humillación, así que se negaron a abandonar el país por las buenas y se produjo una matanza indiscriminada», contaba la escritora Carmen Güell, autora de «La última de Filipinas», el libro en el que relata, en primera persona, el testimonio de Elena Lizarraga, una de las supervivientes de origen español que sufrió las consecuencias del salvajismo nipón.
En pocos días, todo el pasado colonial español de Manila, presente en sus edificios históricos, fue arrasado y alrededor de 300 españoles de los 3.000 censados murieron brutalmente asesinados. «Muchos eran terratenientes que se habían quedado en Filipinas después de desaparecer como colonia», puntualizaba Güell. 
                                 La masacre de españoles en la liberación de Manila
Elena Lizarraga, junto a su hijo Tirso, en Manila en 1951, antes de regresar a España
«La piedad, la diplomacia, la previsión, la hermandad asiática no existieron. Sólo existió el horror de la guerra y el fuego», contaba Massip en el 64 sobre la sangrienta, devastadora y absurda retirada nipona del archipiélago, donde murieron más personas que con las bombas atómicas que caerían, cinco meses después, sobre Hiroshima y Nagasaki.
La victoria aliada sobre los japoneses tuvo, por lo tanto, un terrible coste material y humano en Manila, que pasó a ser, desde entonces, la segunda ciudad más devastada por los bombardeos durante la II Guerra Mundial, después de Varsovia. Y dentro de Manila, la zona sur de Malate y de Intramuros, habitada por muchas familias españolas, la más castigada de todas.
El fin de la influencia española...aquel traumático final de la guerra del Pacífico significó, además el fin de la impronta española en las Filipinas, que se había mantenido fuertemente a pesar de los más de cuarenta años de colonización norteamericana. La propia presencia de ciudadanos españoles disminuyó en picado, ya que, además de los tres centenares que murieron de entre los 3.000 residentes, otros 500 volvieron a la Península, incapaces de empezar una nueva vida.
Elena Lizarraga, que en aquellos tristes días de 1945 fue herida de bala en el cuello, una buena cantidad de metralla se le incrustó en las piernas y a quien un soldado le hundió dos bayonetazos en la espalda que a punto estuvieron de matarla a sus 21 años, regresó pocos años después. El recuerdo de su padre y de su hermana pequeña Baby, que fueron asesinados, y la mutilación que sufrió otra de sus hermanas, Vicky, fue difícil de superar.
«Aún sigue sin entenderlo –concluye Güell sobre la tragedia de Lizarraga–. No tenía ningún sentido, ya habían perdido la guerra, no sacaban nada en limpio, pero se fueron matando y destruyendo para que no quedase nada en pie, ningún testigo de su derrota». 
http://www.abc.es/20100324/historia-/masacre-espanoles-liberacion-manila-201003241024.html

MOTIN DE ESQUILACHE..EL BANDO DE CAPAS Y SOMBREROS


                            
El Motín de Esquilache ocurrió en marzo de 1766, bajo el reinado de Carlos III. Básicamente fue la consecuencia del creciente descontento en Madrid a causa de la subida de los precios del pan y de otros productos de primera necesidad, y el detonante para que estallara el conflicto fueron las medidas relativas a ciertas prendas de vestir promulgadas por Leopoldo de Gregorio, Marqués de Esquilache, un napolitano favorecido por Carlos III. 

                                            Marqués de Esquilache

Lo que pretendía Esquilache era sustituir las capas largas y los sombreros de ala ancha usados por los madrileños por capas cortas y sombreros de tres picos, en un intento de europeizar y modernizar España. Alegaba que las capas largas facilitaban el ocultamiento de las armas y los grandes sombreros eran una salvaguardia para los delincuentes, porque podían ocultar el rostro. Concebidas como una medida de seguridad pública, estas disposiciones en un principio no llamaron mucho la atención de la población, preocupada como estaba por otros problemas más acuciantes, como el aumento de los precios del pan, el aceite, el carbón y la carne seca, causado en parte por la liberalización del comercio del grano. Además, en un primer momento, las medidas relativas a la vestimenta sólo se aplicaron a la Casa Real y a su personal. Bajo amenaza de arresto, los funcionarios reales acataron la orden masivamente y sin protestar. Posteriormente, Esquilache la hizo extensiva a la población general pese a ser advertido por el Consejo de Castilla de que la prohibición de las capas y los sombreros causaría el descontento general entre la población. Esquilache siguió adelante con las medidas y el 10 de marzo de 1766 aparecieron en Madrid carteles prohibiendo el uso de estas prendas. La reacción popular fue inmediata: los carteles fueron arrancados de las paredes y las autoridades locales sufrieron ataques por parte de la población. 

 
Carlos III de España

El domingo de Ramos, en torno a las 4 de la tarde, dos ciudadanos vestidos con las prendas prohibidas cruzaron provocativamente la plazuela de Antón Martín. Varios soldados les dieron el alto y les pidieron explicaciones. Fueron intercambiados varios insultos y los soldados trataron de detenerlos, cuando uno de los hombres sacó una espada y lanzó un silbido. Entonces apareció un grupo numeroso de gente armada y los soldados se vieron obligados a huir. Los amotinados asaltaron un cuartelillo que había en la misma plaza y se apoderaron de fusiles y sables. Una vez hecho esto, 2.000 manifestantes marcharon hasta la Plaza Mayor gritando insultos contra Esquilache. Por el camino se toparon con el Duque de Medinaceli a quien obligaron a transmitir al rey una serie de peticiones. El duque se dirigió al rey, quien mantuvo la calma en todo momento sin darse cuenta de la gravedad de la situación. Mientras tanto, los amotinados habían destruido las 5.000 farolas que habían sido instaladas por toda la ciudad. Un servidor de Esquilache fue apuñalado cuando los amotinados se dirigieron a la mansión del ministro, que saquearon. También atacaron los palacios de otros dos ministros italianos, Grimaldi y Sabatini, y esa misma noche un retrato de Esquilache fue quemado en la Plaza Mayor. El rey seguía sin hacer nada. El 24 de marzo la situación empeoró. Los amotinados, muy robustecidos en número y en confianza, marcharon hasta la residencia real, defendida por soldados españoles y por los odiados valones. Las tropas dispararon y mataron a una mujer, lo que hizo aumentar el número de manifestantes. Un sacerdote se erigió en representante de los manifestantes y logró abrirse camino hasta Carlos III y presentarle las peticiones. El discurso del cura fue tajante: o se satisfacían las demandas, o el palacio del rey quedaría reducido a escombros en menos de dos horas.

                                     El Motín de Esquilache.

Las demandas eran:
  1.   Esquilache y toda su familia debían abandonar España. 
  2.  El gobierno español debía ser ocupado por ministros españoles.
  3.   Disolución de la Guardia Valona.
  4.   Reducción del precio de los productos básicos.
  5.   Desaparición de la Junta de Abastos.
  6.   Los soldados debían retirarse a sus cuarteles
  7.  Debía permitirse el uso de la capa larga y del sombrero de ala ancha.
  Su Majestad debía salir a la vista de todos para que puedan escuchar por boca suya la palabra de cumplir y satisfacer las peticiones.


  El rey se sentía inclinado a aceptar las peticiones a pesar de que varios de sus ministros se lo desaconsejaban. Se asomó al balcón del palacio y las aceptó. Esto calmó a la población, pero el rey, temiendo por su seguridad, cometió el error de huir a Aranjuez acompañado de toda su familia y de sus ministros. Esto despertó las iras de la población, que creyó que el rey había aceptado las demandas para calmarlos y posteriormente huir.
 Unas 30.000 personas se dedicaron entonces a saquear almacenes y cuarteles y a liberar a los presos. El rey entonces envió una carta donde se comprometía a satisfacer todas las demandas y la población se tranquilizó de nuevo. Esquilache fue destituido y enviado a Italia. Antes de partir dejó escrito: "yo he limpiado Madrid, le he empedrado, he hecho paseos y otras obras... que merecería que me hiciesen una estatua, y en lugar de esto me ha tratado tan indignamente". Curiosamente fue el conde de Aranda, que quedó a cargo del gobierno mientras el rey estaba en Aranjuez, quien convenció al pueblo de Madrid de cambiar las capas y los sombreros de la discordia por capas cortas y tricornios tal y como pretendía el marqués de Esquilache.
 http://paseandohistoria.blogspot.com/2010/05/el-motin-de-esquilache.html
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/e/ea/Giuseppe_bonito-esquilache.jpg/220px-Giuseppe_bonito-esquilache.jpg
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sábado, 19 de marzo de 2016

GARCETE...MASACRE DEL FORTIN YUNKÁ



    
Nació en Formosa hacia el año 1893. Hijo del cacique Isquis, su nombre era Nasoquí (Camasoiquí o Qanasoqui'). Adoptó el sobrenombre "Garcete" en homenaje a su amigo Juan Garcete, un comerciante español radicado en Asunción, Paraguay.



Llegó a ser el líder indiscutido de la etnia pilagá que habitaba en la zona de Salto Palmares (Formosa), su centro era el Pozo de Navagán. En la época de la maduración de la algarroba, sus gentes solían reunirse en un lugar denominado yomaqá o yomqá, para celebrar las fiestas de la aloja y realizar alianzas matrimoniales, políticas y económicas. En ese sitio sagrado el ejército argentino levantó, en 1912, el Fortín Yunká -del pilagá yomaqá-, hoy Fortín Leyes.


En ese entonces los pilagá coexistían pacíficamente con los blancos y con el ejército; grupos toba y una una banda maká que había abandonado el territorio paraguayo al mando del cacique Capote respondían a Garcete.
En 1919, se produce un sangriento ataque al Fortín Yunká, episodio conocido como "El último malón". En principio se le responsabiliza la acción a Garcete, lo que motiva una feroz represalia del ejército, unas 120 familias que le respondían fueron asesinadas. El cacique tuvo mejor suerte, fue liberado en el juicio.
En 1925 lo encontramos en la Misión Taacaglé. 



La masacre de Yunká.

El Fortín Yunká estaba compuesto de varios ranchos de adobe y paja, reforzados con trocos de palma. La comandancia, la cuadra, el depósito, la cocina y la enfermería eran construcciones independientes que rodeaban un patio. Estaba pensado para albergar unas ciento veinte personas, muy amplio para la veintena de ocupantes que tenía en 1919.
El 19 de marzo de 1919 fue atacado, los agresores ultimaron con golpes de macana y degüello a todo el personal militar (7 hombres) y sus familias (3 mujeres y cinco niños), sólo salvaron sus vidas dos párvulos.


                                           NARCISO DE VALLE

Narciso Del Valle, jefe de la Gran Guardia Fontana, es la primera autoridad en llegar, sepulta a los caídos en una fosa común, en su homenaje se disparan tres salvas de fusilería y en una cruz inscribe: "19 de marzo de 1919. Muertos traidoramente por los indios". La opinión publica señaló a Garcete como autor de la masacre, los indignados militares hablan de una insurrección generalizada de 10.000 indios que responden al cacique, y deciden un inmediato escarmiento; ya, al día siguiente, Del Valle había dispuesto el fusilamiento de un hermano de Garcete aprehendido con anterioridad.

                                              GIL BOY

La represión fue encomendada al mayor Enrique Gil Boy, un controvertido oficial que fue acusado por sus propios subordinados de abuso de autoridad por hechos posteriores. Llevó a cabo una marcha de casi un mes a través de una selva cerrada, apenas penetrable por estrechas abras, cruzando arroyos desbordados y zanjones pantanosos "sofocados por el calor agobiante, las garrapatas, los mosquitos y amenazados por las víboras, siempre temibles".

 Al día siguiente una patrulla militar traía detenido al cacique Lagadick quien aseguraba conocer lo sucedido, haciendo responsable del mismo al cacique Garcete, cuya toldería era accesible por un sendero sólo conocido por los indios. Un hecho fortuito le hizo conocerlo y en la noche del 7 de abril llegó al campamento, que fue arrasado. Garcete logró huir con parte de su gente. En la toldería fueron hallados objetos pertenecientes al Fortín: zapatos, cubiertos, prendas de vestir, municiones y bolsas con yerba, maíz y tabaco de la cantina; pavas, hachas, ollas y medicamentos.




                       Fortín Leyes: Monolito que recuerda a las víctimas de la masacre.
 

Garcete fue tomado prisionero y traslado a la ciudad de Formosa. El cacique contrató al abogado Alcibíades Lotero, quien ante la falta de pruebas logró su liberación.
Las causas y responsables del ataque a Yunká son difíciles de determinar. Una de las hipótesis rescata el suceso ocurrido pocos días antes de la masacre, cuando un indio de Garcete es sorprendido robando alimentos de una chacra de Fontana y resulta asesinado por un poblador. Detenido el criminal, fue puesto en libertad por la autoridad militar, hecho que predispuso mal a los pilagá y especialmente al Cacique, quien aprovecharía que la guarnición era la menos defendida para consumar la venganza, atreviéndose al ataque por tratarse de un lugar distante a su campamento, por lo que pensaba no recibiría represión alguna.


Entre los objetos hallados por Boy en el campamento de Garcete, no se encontraron armas, ganados ni monturas del saqueo; en 1930, cuando un grupo de indios maká llegan al Fortín Lugones armados con con carabinas que llevaban impreso el escudo nacional argentino y, comparándose su numeración, se comprobó que eran las robadas en 1919 en Yunká. Aunque pudieron haber llegado a sus manos por venta o trueque de quienes se quisieran deshacer de ellas o lucrar, la responsabilidad se trasladó a los indios maká. A comienzos de 1919 se había quebrado la alianza entre los pilagá y la banda maká conducida por el cacique Capote, estos migran desde la comunidad de Chico Dawagan hacia Paraguay, hay hipótesis que en trayecto atacaron el Fortín.
Una tercera hipótesis contempla la participación y responsabilidad conjunta de los aborígenes pilagá y maká, dirigidos por Garcete y Capote respectivamente.

http://weblogs.clarin.com/puebloapueblo/2008/09/19/el_cacique_garcete/
https://ctcqom.files.wordpress.com/2013/03/64188_438579179552594_1119341943_n.jpg
 http://www.revisionistas.com.ar/wp-content/uploads/2009/04/Narciso-del-Valle1.jpg