sábado, 19 de agosto de 2017

LAS GUERRAS ICONOCLASTAS...LA ICONOCLASIA E ICONODULIA

Conflicto civil acontecido durante los siglos VIII y IX en el Imperio Romano de Oriente. El motivo central de la disputa se centró en la existencia de dos interpretaciones del cristianismo: los iconódulos, partidarios de la adoración de imágenes, y los iconoclastas; estos últimos, posiblemente influidos por la prohibición islámica acerca de la veneración de figuras que representasen a la divinidad, se enzarzaron en un agrio combate contra los que, según opinión, cometían idolatría al rezar ante efigies de Cristo, ya que no reconocían otro elemento digno de veneración que la cruz. Al igual que en el resto de los movimientos heterodoxos de la Edad Media, el barniz espiritual del conflicto no quita para que también existieran hondas complicaciones sociales y políticas entre los diferentes grupos de población y de poder del imperio bizantino; a este respecto, hay que señalar la importancia de la guerra civil provocada por la irrupción de la iconoclastia, puesto que la debilidad interna de la organización imperial provocó, a lo largo de los más de ciento cincuenta años de conflicto, una serie de intentos, tanto del Islam como del Imperio búlgaro, por recortar la autoridad bizantina en Oriente y en los Balcanes. Por otra parte, tampoco hay que olvidar que la querella iconoclasta provocó el cisma entre las iglesias de Oriente y Occidente, además de ser causa, aunque indirecta, de la consolidación del gran rey franco Carlomagno como el principal poder político de Occidente.
El imperio bizantino estaba regido por la dinastía heráclida desde los tiempos del esplendor de Justiniano I, en el siglo VI. Sin embargo, apenas doscientos años más tarde, la maquinaria gubernamental del brillante legislador oriental comenzaba a dar muestras tanto de decadencia interna como de incapacidad fiscal, administrativa y militar para hacer frente al entonces emergente poder del Mediterráneo: el Islam. Así pues, tras un largo y constante asedio del califa musulmán Sulayman contra territorio imperial, un antiguo sirviente de Justiniano II y Anastasio II, León de Germanicia, hizo valer su condición de strategos (gobernador civil y militar) de Anatolia para, apoyándose en las tropas anatolias, armenias e isáuricas, sublevarse contra el legítimo emperador, Teodosio III. La debilidad del último emperador heráclido hizo entrar alstrategos sin ningún problema en Constantinopla, donde fue coronado emperador en marzo del año 717 con el nombre de León III. Dejando de lado las brillantes acciones militares que se llevaron a cabo bajo su mando contra la presión fronteriza islámica, el nuevo emperador, elevado a tal dignidad gracias al apoyo de parte del ejército bizantino, quiso controlar a la poderosa jerarquía eclesiástica imperial, para lo cual utilizó el problema de las imágenes; pese a esta visión un tanto política de la cuestión, tampoco se debe descartar que sus propias convicciones religiosas (era sirio, por lo que pudo haber entrado fácilmente en contacto con las ideas islámicas) desempeñaran un papel importante en su militancia iconoclasta.
La cuestión de la devoción por las imágenes comenzaba a ser un grave problema cristológico entre los sacerdotes cristianos. Según las investigaciones del historiador Franz Georg Maier: "a las imágenes se les atribuían poderes milagrosos y poco a poco fueron sustituyendo a las reliquias como principales objetos de devoción en las iglesias" (Maier, Bizancio). Hay que recordar que las imágenes habían estado prohibidas en la época primitiva del cristianismo, así como la expresa prohibición que figura en las páginas del Antiguo Testamento; pese a ello, fueron aceptadas como parte del culto cristiano en el Concilio del año 692. Las otras dos religiones del Libro, judaísmo e islamismo, también proclamaban acusaciones de idolatría contra aquellos que orasen ante imágenes religiosas, lo que, unido al dogma de fe de la imposibilidad de representar la esencia divina de Dios, dejaba a los teólogos cristianos de Oriente en una delicada situación a la hora de debatir con representantes de otros credos. Las primeras voces discordantes comenzaron a escucharse hacia el año 732, cuando Constantino de Nacolia y Tomás de Claudiópolis se enfrentaron agriamente con el patriarca de Constantinopla, Germán, personaje clave en la querella iconoclasta por su fervorosa defensa de las imágenes. La chispa definitiva se encendió en el año 726, cuando el emperador León III mandó retirar una representación pictórica de Jesucristo que presidía su palacio; la gran masa de población constantinopolitana se agrupó ante los soldados citados a tal efecto y se produjeron gravísimos incidentes, con un número indeterminado de fallecidos. Roto el equilibrio político y social, se inauguraba una época de terribles enfrentamientos civiles.
Las diferentes reacciones ante las noticias de Constantinopla no tardaron en llegar. El papa de Roma, Gregorio II suspendió las relaciones con el emperador de Oriente (especialmente el envío de impuestos), acusándole de interferir arbitrariamente en cuestiones de fe; al mismo tiempo, los cristianos orientales de Grecia, los helladikoi, enviaron un ejército al mando de Cosmas para "liberar al Imperio de la impiedad de León III" (Maier, Bizancio). Al parecer, en los primeros tiempos de enfrentamiento entre iconoclastas e iconódulos la formación de partidarios de uno y otro bando estaba más o menos definida: toda Grecia y los cristianos occidentales estaban a favor de las imágenes, además de todas las instituciones monacales de Oriente (sus riquezas y su prestigio alimentaban las ansias imperiales por hacerse con ellas) y el patriarca Germán de Constantinopla; por el lado opuesto, el ejército, la nueva dinastía Isauria y los pobladores orientales del Imperio, precisamente aquellos que estaban más en contacto con las religiones islámica y hebrea, eran contrarios a lo que creían una muestra de paganismo e idolatría. Es muy posible también que en la formación de los dos "partidos" influyeran cuestiones de índole política, puesto que siempre fueron los habitantes y militares de las themas (organización territorial bizantina de defensa) los más predispuestos a la iconoclastia al ser su situación era más desfavorable contra la presión militar de los enemigos del Imperio.
Ante la tenaz resistencia de los focos iconódulos bizantinos, el emperador León III intentó conseguir la aprobación conciliar de la destrucción de las imágenes. En el año 730, el patriarca Germán recibió la orden de aprobar el edicto imperial Honomakoncontra la adoración de representaciones divinas. Al negarse a hacerlo, el consejo supremo del Imperio, el Silention, condenó a Germán, lo desposeyó de su dignidad y nombró nuevo patriarca en la persona de su antiguo ayudante, Anastasio. Mientras otro motín popular se levantaba contra los soldados imperiales en la capital del Imperio, el papa Gregorio II reaccionó con rapidez: ante la solicitud de ayuda lanzada por el resto de los patriarcas orientales, el pontífice romano lanzó anatema contra la iconoclastia, excomulgó a Anastasio y declaró cismática a la línea religiosa propuesta por León III. La respuesta del emperador fue la de hacer prisioneros a los legados papales en Constantinopla y enviar un poderoso ejército a la península italiana, con el objetivo de secuestrar las rentas de Roma y pasarlas al tesoro real; asimismo, las provincias bizantinas orientales (Italia, Sicilia e Iliria) fueron retiradas de la jurisdicción de Gregorio II y puestas en manos del patriarca de Constantinopla. La política religiosa de los Isaurios siempre fue la de sojuzgar a la Iglesia y utilizar sus recursos para invertir en la necesidad más grande del Imperio: los ataques islámicos en Oriente y los ataques balcánicos en Occidente. Tanto León III como su hijo y sucesor, Constantino V, obtuvieron grandes victorias contra los califas abbasíes de Bagdad en la defensa del imperio. El prestigio obtenido por las victorias hizo a Constantino V llegar, en el año 754, a la celebración de un concilio ecuménico que proclamó la iconoclastia como dogma del cristianismo oriental. Como opina Maier:
 "el hecho de que el Emperador controlara la elección de los patriarcas y presidiera los Concilios facilitó evidentemente el cambio". (Maier, Bizancio).
 Tres años antes, la capital bizantina de Italia, Rávena, había caído en manos del rey lombardo Astolfo ante la pasividad de los habitantes, que no querían defender a un emperador impío. La ruptura de relaciones entre las antaño capitales imperiales, Roma y Constantinopla, trajo consigo el que Esteban II solicitase la ayuda del rey de los francos, Pipino el Breve, en el mismo año de la declaración iconoclasta (754).
Durante el gobierno del emperador Constantino V (741-775) se celebró, en el palacio de Hieria, un concilio "ecuménico" en el que se aprobó el famoso Horos, en el que se ordenaba la destrucción de las imágenes en los edificios bizantinos, y se anatematizó a los principales doctores iconódulos (Germán de Constantinopla y Juan Damasceno, principalmente). La persecución a los partidarios de las imágenes fue grande y sangrienta, pero su resistencia fue tenaz y en constante aumento. El papa Esteban IIIcondenó la iconoclastia en un sínodo celebrado a la par y separó sus intereses definitivamente de Constantinopla. Como opina Maier: "el primer movimiento iconoclasta condujo de manera inevitable a la constitución de una Iglesia occidental independiente y a la aparición del Sacro Imperio Romano, que de manera tan decisiva influirían en la consolidación de la Europa medieval". (Maier, Bizancio).
Tras la muerte de Constantino V, sus hijos León IV  y Constantino VI opusieron la cruz y la cara del conflicto que enfrentaba a los habitantes del Imperio. El primero de ellos, pese a su militancia iconoclasta, cesó las persecuciones sangrientas pero fortaleció el control imperial de la iglesia acaparando todas las potestades en el nombramiento de cargos religiosos, incluso los monacales. Sin embargo, su repentina muerte apenas cinco años de iniciado su gobierno deparó, además de los citados problemas, la querella por la sucesión. Finalmente, Constantino VI, que contaba a la sazón diez años de edad, fue elevado al trono gracias a la labor de su madre, la futura emperatriz Irene. Ambos eran iconódulos declarados, por lo que, con la ayuda de la burocracia palaciega y el apoyo del papa Adriano I, se celebró el séptimo Concilio Ecuménico en Nicea , en el que se volvió a instaurar el culto a las imágenes. Detrás del asunto espiritual estaba el puro interés político, ya que la regente Irene estaba siendo acosada por los partidarios de la dinastía Isauria (encabezados por Nicéforo, hermano de Constantino V y tío del emperador). Irene actuó con rapidez y, después de hacerse con el control y el apoyo de la Iglesia, aprovechó una derrota de su hijo contra los musulmanes y la consiguiente pérdida de apoyo popular de éste para destituirlo como emperador, cegarle los ojos y encerrarlo en un remoto palacio.
Los años del gobierno de Irene,fueron especialmente decisivos para el problema religioso. Además de contar con sus innegables dotes de mando y el apoyo de los dos militares más prestigiosos del Imperio, Estauracio y Aecio, la situación de los iconoclastas había sufrido un vuelco total. En el período transicional entre ambos siglos, la política de donaciones imperiales para la construcción y fomento de edificios iconódulos había esquilmado a la población de Constantinopla mediante constantes impuestos; debido a ello, los comerciantes constantinopolitanos habían pasado a engrosar las filas del "partido" iconoclasta, formando una oposición constante. Además, la situación en el exterior también le era desfavorable, puesto que a pesar de la pacificación de los Balcanes, el avance del Islam continuaba siendo imparable en las provincias orientales. Por último, las relaciones con el papado no habían sido resueltas por el concilio de Nicea, ya que un sínodo pontificio celebrado en el año 794 había condenado las propuestas de Nicea pese a contemplar una vuelta a la ortodoxia, además de que la coronación de Carlomagno como emperador de Occidente (800) se hiciese tras poner la  excusa de que el trono imperial estaba ocupado por una mujer. Aunque ello sólo significaba que Roma ya no necesitaba al imperio de Oriente para mantener su actividad, lo cierto fue que la oposición acabó por dar un golpe de estado apoyada en una nueva revuelta iconoclasta, cuyo resultado fue la coronación imperial del hermano de Constantino V: Nicéforo I. Atrás quedaba la política de construcción iconódula de Irene, que legó al mundo uno de sus más bellos templos: la basílica de Santa Sofía en Constantinopla.
La muerte de Nicéforo en una campaña contra los búlgaros  llevó al trono a Miguel I, un iconódulo convencido que trató de sofocar cualquier levantamiento y que hizo cuantiosas donaciones para reparar los desagravios anteriores. Sin embargo, las convulsiones iconoclastas iban a regresar tras la muerte de Miguel en el campo de batalla contra los búlgaros . El funesto suceso fue aprovechado para un armenio,strategos de Anatolia, para coronarse emperador con ayuda de sus soldados: León V. Los primeros años de su reinado estuvieron presididos por las intervenciones militares: el khan búlgaro Krum asedió Constantinopla en el 814, pero León el Armenio logró derrotar a las tropas balcánicas y firmar una paz estable. Mientras tanto, las disidencias internas entre los musulmanes facilitaron su política interior, continuando con las reformas de su antecesor. Con respecto al problema religioso, León el Armenio volvió a establecer las prácticas iconoclastas, como prueba de continuidad dinástica. Ayudado por los consejos de Juan Gramático y el obispo Antonio Casimatas, celebró un sínodo en el año 815 mediante el cual se restituía el Horos del año 754. El siguiente paso fue el de destruir todas las imágenes divinas de la basílica de Santa Sofía, entre disturbios callejeros causados por los enfrentamientos entre diferentes partidarios de uno y otro bando. La inexistencia de unión en el "partido" iconódulo fue la causa del  dominio de la Iglesia por parte del emperador. Sin embargo, una conjura urdida por los funcionarios de palacio acabó por asesinar a León el Armenio mientras Oficiaba la  Misa . Se eligió como emperador, pese a la traición y el sacrilegio cometido, a la mano causante de tales hechos: Miguel II.Las reformas militares y fiscales ocuparon más el gobierno de Nicéforo I que las cuestiones religiosas, pues la extrema situación a la que la política de donaciones iconódulas de sus antecesores había llevado al fisco imperial amenazaba con convertirse en una losa infranqueable en la defensa de Bizancio. El emperador se preocupó más de tener en la jerarquía eclesiástica hombres de su confianza que de las verdaderas creencias de éstos. El retroceso del "partido" iconódulo se debió más bien a las disidencias internas entre sus miembros que a la persecución imperial, pese a que algunas medidas tomadas contra los monjes, por ejemplo, fueron utilizadas en los documentos como auténticas persecuciones religiosas en lugar de medidas políticas, que es lo que fueron realmente.

La turbia situación que vivía Bizancio auspició el levantamiento de uno de los más reputados militares imperiales: Tomás el Eslavostrategos de Anatolia. Tras requisar los impuestos de su Thema y recibir el apoyo de las ciudades (entre ellas Cibirra, donde se encontraba la flota del imperio), se dirigió a Constantinopla con un gran número de tropas formadas por todas las minorías oprimidas por el gobierno (armenios, eslavos, asirios y caldeos), además de contar con el apoyo tácito de los iconódulos. Tras dos años de agrias disputas en los que Tomás llegó, incluso, a aliarse con el califa al-Mamoun, finalmente fueron reducidas las fuerzas rebeldes en el año 823.
Aunque finiquitado casi antes de nacer, el intento de golpe de estado efectuado por Tomás el Eslavo había sido lo suficientemente fuerte para que el sucesor de Miguel II, Teófilo I, tomase plena conciencia de las diferentes implicaciones que podría tomar una hipotética reorganización del "partido" iconódulo. Debido a ello, desde el mismo momento de su coronación (829) comenzó a dictar medidas contra la iconodulia, incluida la legalización de la tortura como medio de lograr la definitiva imposición de los postulados iconoclastas. Aunque es muy posible que las fuentes (todas favorables al culto de las imágenes) exageren la crueldad de los métodos, no se puede negar que el destierro, la prisión y los procesos más procaces fuesen aplicados con frecuencia a los iconódulos, especialmente a los miembros de comunidades monacales. A pesar de ello, el ideal monástico encontró un hueco en el organigrama imperial a raíz de la propagación de una corriente heterodoxa mucho más peligrosa que la iconodulia: el paulicianismo. Las predicaciones de los monjes en los más insospechados lugares servirían para erradicar el movimiento herético, lo que, unido a la amplia y exitosa cantidad de reformas efectuadas por Teófilo, uno de los grandes emperadores bizantinos, sirvió para que tras su muerte, ocurrida en el año 842, el regreso al culto de las imágenes fuese establecida por el patriarca Metodio, durante un sínodo efectuado en el año 843, ya en época de Miguel III. El absoluto control de la Iglesia y del ejército por parte del emperador, y el clima de bonanza económica que respiraba Bizancio, hicieron posible que la querella iconoclasta terminara de soliviantar los ánimos orientales. Además, el cansancio, las muertes, los destierros y los innumerables conflictos acontecidos durante más de un siglo minaron cualquier tipo de protesta, acabando así con el que los historiadores llaman, algo injustamente, el siglo perdido de Bizancio.
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miércoles, 9 de agosto de 2017

CORPUS IURIS CIVILIS



El Corpus Iuris Civilis es una obra que vio la luz por primera vez entre los años 527 y 565, cuando Justiniano, en su afán de formalizar el ordenamiento jurídico del Imperio, llevó a cabo la mayor recopilación del derecho romano de la época...
En la actualidad, la mayoría de los Estados occidentales se precian de ser repúblicas democráticas con un sistema de derecho desarrollado, en el cual se tienen en cuenta las necesidades tanto del Estado, como de los ciudadanos que en él habitan. Sin embargo, a pesar de que este parece uno de los mayores logros de la modernidad, inspirada en la Revolución Francesa, sus orígenes se remontan mucho más atrás a la época de las antiguas Roma y Grecia.

"Corpus del Derecho Civil. Con las Pandectas corregidas de acuerdo con el Códice florentino. Y con las Instituciones, el Código y las Novellae, añadiendo el texto griego y de conformidad con las mejores ediciones. Anotado íntegramente por Dionisio Godofredo. Esta nueva edición se completó con los Edictos de Justiniano; las Novellae de León y de otros emperadores; los Cánones de los Apóstoles (en griego y en latín); los Libros sobre los feudos y las Leyes de las Doce Tablas y otros tratados relacionados con el Derecho. También se añadieron las Sentencias de Paulo, con notas escogidas de Jacques Cujas (latinizado Cujatius). A lo largo de todo el texto se incluyeron las observaciones de Antonio Anselmo sobre derecho civil, canónico, relacionadas cuando hay discrepancias con la práctica recibida. Finalmente se incorporan lecturas y anotaciones selectas de otros autores, debidas al cuidadoso trabajo de Simón van Leeuwen."


En el caso específico del derecho moderno, es necesario afirmar que este es un descendiente directo del derecho romano, puesto que su tradición se basa en el ordenamiento jurídico que regía a los ciudadanos de la antigua Roma, y posteriormente al Imperio Romano, y que llegó a nosotros gracias a la recopilación hecha por emperador Justiniano I del texto jurídico más importante de la época clásica, el Corpus Iuris Civilis.
El Corpus Iuris Civilis es una obra que vio la luz por primera vez entre los años 527 y 565, cuando Justiniano, en su afán de formalizar el ordenamiento jurídico del Imperio, llevó a cabo la mayor recopilación del derecho romano de la época. Esta acción fue el resultado de un proceso que venía desarrollándose desde el gobierno de Constantino , debido a que “la práctica (de los emperadores) llevó a un uso indiscriminado y generalizado de los rescriptos, (por lo que Constantino) afirmó que estos no podían contradecir el ius, el cual solo podía ser derogado por razones de equidad y en casos concretos por el emperador (CTh. I,2,2) asumiendo en forma exclusiva la atribución de examinar la interpretación interpuesta entre la equidad y el derecho” En otras palabras, el emperador Constantino dio el primer paso para declarar la superioridad del derecho sobre la casuística jurídica, lo cual llevó a que los juristas romanos se vieran obligados a acudir permanentemente a los edicta o leges generales, es decir a las normas de contenido general y abstracto dictadas por el emperador, para dirimir cuestiones jurídicas. 


Constantino


Este proceso fue llevado aún más lejos por los emperadores Valentiniano III y Teodosio II, quienes afirmaron que no todas las disposiciones imperiales tenían la misma importancia “toda vez que los rescripta y los decreta no debían considerarse derecho general (iura generalia) sino aplicables al asunto que resolvían, teniendo valor general solo los edictos o leges generales, rótulo que también cobijó a las orationes dirigidas al senado”En este sentido, cada vez más se iba formalizando lo que era y lo que no era derecho, dando al ordenamiento jurídico del Imperio mayor estabilidad. Sin embargo, este proceso no se vio culminado sino hasta la época de Justiniano y la recopilación del Corpus Iuris Civilis, formado por cinco recopilaciones: el Codex, el Digesto, las Institutas, el Codex Iustinianeus y las Novelas.
Luego de iniciar su mandato, Justiniano ordenó a los juristas Juan de Capadocia, Teófilo y Triboniano, entre otros, a elaborar un nuevo código (Codex) que recopilase toda la legislación imperial de la que se habló anteriormente, teniendo como fundamento los códigos Gregoriano, Hermogeniano y Teodosiano, así como las normas posteriores, modificándolas y adaptándolas a la legislación de la época de Justiniano.
Al publicarse esta obra, el emperador decretó que sería un crimen no basarse en la misma para dirimir cuestiones judiciales, bajo el cargo de falsedad del uso judicial, afirmando lo siguiente: “sepan absolutamente todos los jueces, que están bajo nuestra jurisdicción, que es ley no solo para la causa que fue proferida, sin además, para todas las análogas o, ¿quien parecerá que es idóneo para resolver los enigmas de las leyes, y para aclararlos a todos, sino aquel a quién únicamente está permitido ser legislador?


Mosaico del emperador Justiniano.

Tras la publicación del Codex, la comisión de juristas de Justiniano tuvo como encargo hacer una recopilación de la jurisprudencia dada por grandes jurisconsultos romanos, dándoles carácter de ius generalis, es decir, que tenían el mismo peso que las disposiciones del emperador“cómo si sus opiniones proviniesen de de las constituciones imperiales y hubiesen sido pronunciadas por nuestra sagrada boca” De esta manera, se retomaron las opiniones de autores como Quinto Murcio Escévola, Aelio Galo, Ulpiano y Próculo entre otros, cuidándose de evitar contradicciones entre estas, surgiendo lo que hoy se conoce como el Digesto.
La existencia de estas dos grandes recopilaciones del derecho hizo necesaria la creación de un manual para el estudio de las mismas, motivo por el cual Justiniano encargó a Triboniano, Teófilo y Doroteo “elaborar un texto para uso escolar de primer año, que a semejanza del gayano fue llamado Instituciones (Institutas) y dividido en 4 libros” y al cual el emperador le otorgó el carácter de fuente del derecho.
Hasta ese momento, Justiniano había logrado oficializar y unificar todo el derecho romano de la época tardía, sin embargo, disposiciones imperiales más antiguas aún seguían siendo interpretadas libremente por los juristas romanos, motivo por el cual en el 534 d.C. el emperador promulga una nueva edición del Codex, que pasaría a conocerse como el Codex Iustinianeus y que contenía todas las constituciones imperiales, desde Adriano hasta Justiniano, en 12 libros. Este código “iniciaba regulando la actividad religiosa; continuaba con el procedimiento; los contratos; la familia; la situación jurídica de los esclavos y las herencias; bienes, procedimientos y pruebas ; los interdictos, garantías y aspectos vinculados al ejercicio de la potestad paterna ; derecho criminal; y aspectos tributarios, administrativos y, en general, aspectos del derecho público Si se observa detenidamente el contenido de este código, se puede observar que no difiere mucho de los códigos modernos, aspecto que trataremos más adelante.
Emperador Teodosio I “El Grande” según un grabado de 1836 

El último elemento que compone este Corpus Iuris Civilis son las Novelas, que consisten en las nuevas disposiciones hechas por Justiniano en materia jurídica y que versan de temas tan variados como disposiciones eclesiásticas y administrativas, hasta temas hereditarios, patrimoniales y penales, quedando así completo el compendio del derecho romano.
Como se ha podido ver, gracias a las recopilaciones hechas por Justiniano y a sus posteriores reproducciones medievales el derecho romano ha llegado hasta nuestros días. Sin embargo, ¿a qué se debe la afirmación de que este es el padre del derecho moderno? A continuación se presentarán algunos ejemplos que pretenden ilustrar este punto.
El primer elemento que analizaremos es el concepto de “ciudadanía”. Ciudadanía es una palabra que viene del vocablo “ciudad” cuya raíz es el latín civitas que hacía referencia en a la ciudad de Roma. En este sentido, la ciudadanía hace referencia a la pertenencia a una ciudad, el vínculo político con la misma y los derechos que este conlleva. De esta forma, así como la palabra tiene su raíz en la antigua Roma, la figura jurídica también. En Roma no todos los individuos habitantes de la ciudad eran ciudadanos, es decir, no contaban con el status civitatis. Este status civitatis traía consigo una serie de derechos que solo los ciudadanos romanos podían ejercer: el ius suffragii o derecho al voto, el ius comercii o derecho a hacer negocios y el ius conubii o derecho a matrimonio. Así mismo, solo los ciudadanos romanos tenían derechos políticos. En la actualidad las leyes de numerosos Estados occidentales tienen vestigios de esta tradición. Por ejemplo la constitución colombiana en su artículo 100 dice: “Los derechos políticos se reservan a los nacionales (ciudadanos), pero la ley podrá conceder a los extranjeros residentes en Colombia el derecho al voto en las elecciones y consultas populares de carácter municipal o distrital, es decir, que solo los ciudadanos pueden votar o acceder a cargos públicos, al igual que en la antigua Roma.



Dedicatoria de Simón van Leeuwen a los caballeros de Holanda y de la Frisia Oriental, que están en proceso de sacudir el yugo de la corona española, en el Corpus

Iuris Civilis

Los derechos políticos y la ciudadanía no son el único ejemplo de este punto. Otro caso similar se da en los temas de bienes, como en la usucapión. La usucapión, que se aplica en el derecho actual de la misma forma que se aplicaba en el derecho romano, implica que un sujeto tiene derecho sobre una cosa si ha ejercido el derecho de uso sobre ella por un tiempo determinado, “entendido el usus como posesión o señorío sobre una cosa sin violencia, clandestinidad ni en modo precario.Así como los jurisconsultos romanos otorgaban propiedad (potestas) sobre un bien a un ciudadano que cumpliese los requisitos antes mencionados, así mismo lo hace la ley colombiana 791 de 2002 refiriéndose a la usucapión o prescripción adquisitiva: “Artículo 2532. El lapso de tiempo necesario para adquirir por esta especie de prescripción, es de diez  años contra toda persona y no se suspende a favor de las enumerados en el artículo 2530″, es decir, que si una persona ejerce derecho de uso sobre una propiedad por más de 10 años, esta pasa a ser de su propiedad, tal como en la época romana.
El Archivo Histórico del Rosario cuenta con numerosas versiones antiguas del Corpus Iuris Civilis que se utilizaron a través de la historia de la Universidad para dictar la asignatura de “Derecho Romano”
Existen innumerables ejemplos como los anteriores, como es el caso de la acción de tutela, el concepto de “Constitución” y los contratos matrimoniales, que no explicaremos aquí por falta de espacio, pero que el lector puede indagar con mayor profundidad. Dada la importancia del derecho romano en el ordenamiento jurídico actual, la enseñanza del mismo es una de las partes vitales en la formación de todo abogado, y la Universidad de Rosario no es la excepción.

El Archivo Histórico del Rosario cuenta con numerosas versiones antiguas del Corpus Iuris Civilis que se utilizaron a través de la historia de la Universidad para dictar la asignatura de “Derecho Romano”. Sin embargo, existe una edición de 1663 que vale la pena resaltar por su calidad de impresión y por la importancia de sus editores. Este texto cuyo título completo en latín es: Corpus Iuris civilis. Pandectis ad florentinum archetypum expressis, Institutionibus, Codice et Novellis, addito textu græco, ut et in Digestis et Codice, legibus et constitutionibus græcis, cum optimis quibusque editionibus collatis; cum notis integris (…) Dionysii Gothofredi, JC. Præter Justiniani Edicta, Leonis et aliorum imperatorum novellas ac Canones Apostolorum, græcè & latinè, Feudorum libros, Leges XII tabul. et alios ad jus pertinentes tractatus. huic editioni novè accesserunt Pauli receptæ Sententiæ cum selectis notis J. Cujacii et sparsim ad universum Corpus Antonii Anselmo (…) observationes singulares, remissiones & notæ juris civilis, canonici, & novissimi ac in praxi recepti differentiam continentes. Denique lectiones variæ et notae selectae  aliorum opera & studio Simonis van Leeuwen, es una edición que cuenta con una encuadernación rígida de primera calidad (a la romana): cartón duro forrado en pergamino fino blanco con un ligero deterioro en las esquinas y en la unión con el lomo. Lomo con repujados decorativos; nervaduras sobre costuras y un tejuelo de piel, para el título de la obra, en dorado. Las tapas tienen repujados sencillos en los bordes, en forma de marco y un repujado muy especial en el centro de ambas tapas, donde se muestra una mujer con un ancla, rodeada de emblemas de la abundancia (cornucopias). (Se tiene información de que la encuadernación de este libro estuvo sometida a trabajos de restauración)


Repujado que representa una mujer con un ancla, rodeada de emblemas de la abundancia (cornucopias)

Antes de la portada, hay un grabado espectacular, de una página entera: en la parte superior de una composición de arquitectura clásica, la figura que representa a la justicia; ésta se apoya en un medallón con la efigie del Emperador Justiniano. Rodeada por otras dos figuras femeninas (¿alegorías del trabajo y de la sabiduría?), y una cartela con algunos datos sobre la obra. En la parte inferior, se encuentran los emblemas de la abundancia, junto con el casco alado y el caduceo de Mercurio y vuelve a aparecer el ancla. El grabado está firmado: “Lo grabó C. van Dalen”. Datos que aluden al famoso grabador holandés Cornelis van Dalen (1638-1664), considerado uno de los representantes de la edad de oro del grabado holandés.



                                                 Grabado previo a la portada de esta edición.

La portada es sencilla, impresa en negro, con tipos de diverso tamaño. Cuenta con un grabado sencillo que representa una puesta de sol (¿o un amanecer?), enmarcado por un elemento decorativo clásico, en cuyos bordes se lee, escrito en latín “Que todo lo demás se haga a un lado”. Así mismo, nos recuerda que este libro fue impreso como Privilegio Imperial de Leopoldo I (Viena, febrero 1662). Por otra parte, hay una dedicatoria de Simón van Leeuwen a los caballeros de Holanda y de la Frisia Oriental, que están en proceso de sacudir el yugo de la corona española.


Portada de la edición

Los textos jurídicos que van a ser comentados, están impecablemente impresos (caracteres romanos), en las dos columnas centrales, separadas por una línea vertical. Los comentarios y anotaciones respectivos, como era muy tradicional, están impresos con letra romana más pequeña, en columnas que enmarcan y rodean el texto que se comenta. Según los casos, texto impreso en cuatro, cinco o seis columnas, todo un alarde de composición e impresión, si se tiene en cuenta que es un período en el que cada página aún se componía a mano.
Sin embargo, lo que enmarca esta edición de una mayor importancia son sus editores-impresores Blaeu y Elzevier. Willem Blaeu pertenece a la familia a de los más importantes impresores de mapas de la época y fue un reconocido cartógrafo holandés, cuyos mapas conformaron el que hoy se conoce como el Atlas Maior, y son elementos ambicionados por los coleccionistas actuales. Por su parte, la estirpe de los Elzevier corresponde a los editores-impresores más importantes del momento en la parte de los Países Bajos que se separa (Holanda) de Flandes, por razones de religión. Estos editores se caracterizaron por la impresión de libros en formatos pequeños y de precios accesibles, lo cual les dio una gran popularidad en su época. Sin embargo, los Elzevir también se caracterizaron por impresiones fraudulentas, de libros con títulos que no correspondían al contenido o por plagio a obras de otros grandes impresores de la época. A pesar de esto, tan importante es el editor que en el tejuelo del lomo la obra se identifica por su título y por el nombre del editor; no por el del autor de los comentarios.

Tejuelo del lomo la obra se identifica por su título y por el nombre del editor; no por el del autor de los comentarios.
               
Aunque esta edición es la que se encuentra en mejor estado de conservación, no todas las ediciones de la Biblioteca Antigua corrieron con la misma suerte. De hecho, dado el amplio uso que se hacía de los Códigos, la mayoría de ejemplares se encuentran muy deteriorados aunque aún conservan características extraordinarias. Claro ejemplo de lo anterior es el ejemplar de 1595 titulado Corpus Iuris Civilis. Prudentum responsa caesarumque rescripta complectens. In quatuor tomos distributum. Adjectae sunt praeter accursii glossas clarissimorum iurisconsultum Goveani, Conani, Duarenii, Cuiacii et Hottomanni aliorumque eximiae observatione, el cual cuenta con una encuadernación en pergamino que se encuentra desencuadernada y presenta deterioro del pergamino en lomo y en las pastas. Así mismo la obra presenta deterioro en las primeras páginas, por lo que solo se conservan fragmentos recompuestos de la portada. 


Portada a dos tintas, muy deteriorada y con reparaciones precarias.

Sin embargo, lo que cabe resaltar verdaderamente de este ejemplar, es la impresión de gran calidad para la época, la cual fue realizada a dos tintas, rojo y negro, y en siete columnas. El texto por comentar se incluye en el centro y los comentarios se hacen en columnas que lo enmarcan, y a pesar del deterioro, el texto de la obra está completo. Así mismo, cabe resaltar que en la anteportada, se leen las siguientes marcas de propiedad: “El Doctor Don Joaquín Caycedo. Año de 1730″ ; “Doctor Don Miguel Rocha” ; “Del Real Mayor de Nuestra Señora del Rosario” y en los restos de la portada, vuelve a encontrarse la misma marca del Doctor Caycedo. Debido a estas carácterísticas esta edición es de gran valor, y su regular estado de conservación demuestra el gran uso que se le dió en su época.



 NOTAS:
Herramienta jurídica que utilizaban los emperadores romanos para legislar y dirimir las controversias planteadas en temas jurídicos.

Espitia Garzón, Fabio. Historia del Derecho Romano, 2a Edición. 

Espitia Garzón, Fabio. Historia del Derecho Romano, 2a Edición.

Este nombre dado a la recopilación del derecho romano hecha por Justiniano procede del Renacimiento, cuando fue impreso por primera vez por Dionisio Godofredo en Ginebrae el año 1583.

Prf. Espitia Garzón, Fabio. Historia del Derecho Romano, 2a Edición

Espitia Garzón, Fabio. Historia del Derecho Romano, 2a Edición.

En esta época Teodosio ya había oficializado el cristianismo como religión del Imperio.

Espitia Garzón, Fabio. Historia del Derecho Romano, 2a Edición.
Corpus del Derecho Civil. Con las Pandectas corregidas de acuerdo con el Códice florentino. Y con las Instituciones, el Código y las Novellae, añadiendo el texto griego y de conformidad con las mejores ediciones. Anotado íntegramente por Dionisio Godofredo. Esta nueva edición se completó con los Edictos de Justiniano; las Novellae de León y de otros emperadores; los Cánones de los Apóstoles (en griego y en latín); los Libros sobre los feudos y las Leyes de las Doce Tablas y otros tratados relacionados con el Derecho. También se añadieron las Sentencias de Paulo, con notas escogidas de Jacques Cujas (latinizado Cujatius). A lo largo de todo el texto se incluyeron las observaciones de Antonio Anselmo sobre derecho civil, canónico, relacionadas cuando hay discrepancias con la práctica recibida. Finalmente se incorporan lecturas y anotaciones selectas de otros autores, debidas al cuidadoso trabajo de SimónvanLeeuwen

.http://www.derechoromano.es/2013/04/el-corpus-iuris-civilis.html
http://clasicosarchivohistoricour.org/2013/09/03/el-corpus-iuris-civilis-la-recopilacion-mas-
importante-del-derecho-romano/
http://cvc.cervantes.es/img/citas_claroscuro/escultura_romana20.jpg)
http://api.ning.com/)
http://es.jurispedia.org/index.php/Corpus_Iuris_Civilis
https://www.google.es/search?q=corpus+iuris+civilis+espa%C3%B1ol+pdf&sa=X&ved=0ahUKEwjx5-LjqsjVAhUNKFAKHSBGDokQ1QIIcSgA&biw=1152&bih=548&dpr=1.25